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Port of Call |
LAST UPDATE February 25, 2010
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| 27 de enero 2010 |
Ciudad del Cabo – Restaurándoles la normalidad a los prisioneros de Pollsmoor |
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| Julian Thomas ha visto a algunos de los peores criminales de Sudáfrica transformarse en personas responsables y sensibles. |
Imagínense mirando a un asesino a los ojos y pensar que es posible transformarlo en un individuo sensible y responsable. Esto es lo que Julian Thomas ha pasado haciendo durante casi 10 años. Cada vez que entra en los edificios oscuros de ladrillo de la prisión de Pollsmoor – en Ciudad del Cabo, Sudáfrica – tiene la certeza de que los hombres con los que trabaja están tratando de lograr un cambio positivo en sus vidas.
“Cambiar es posible y el cambio comienza por uno mismo. Ese el tema de esta serie de talleres y de la mayor parte del trabajo que hacemos con los reclusos,” él afirma.
El Sr. Thomas, quien estuvo a bordo del viaje global 68 como educador invitado entre los puertos de Mombasa y Ciudad del Cabo, realiza talleres de resolución no violenta de conflictos en la prisión. Estas capacitaciones forman parte de su trabajo con el Centro para la Resolución de Conflictos (CCR, por sus siglas en inglés). La esposa del Sr. Thomas, Johanna, comenzó el programa en 1999 después de que la administración de la prisión solicitara la asistencia del CCR para reducir la violencia y las pandillas dentro de Pollsmoor: El terminó uniéndose al trabajo de su esposa dos años después y juntos han expandido sus acciones a otras prisiones de la región. |
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El Ex Presidente Nelson Mandela pasó seis años de su condena en Pollsmoor. La visita de El Barco de la Paz se realizó un poco antes del vigésimo aniversario de su liberación. |
El Sr. Thomas explicó que las sesiones en la prisión están destinadas a motivar a los reclusos a considerar medidas alternativas ante situaciones conflictivas. Sin embargo, queda al criterio de cada persona decidir entre convertir un enfrentamiento en un verdadero conflicto o en una oportunidad. Los hombres en Pollsmoor logran lo que parecería una transición imposible, de ser unos de los criminales más violentos del país a tener la capacidad de resolver desacuerdos de manera responsable.
Superar las condiciones propias de la prisión es una gran parte de este proceso. Pollsmoor está abarrotado de reclusos, hasta el punto de que 50-60 hombres duermen en habitaciones construidas con capacidad para 20. Pandillas rivales – conocidas como la 26, 27, 28 – controlan las celdas y cometen crímenes unas contra otras. Los cabecillas hacen que sea casi imposible para un recién llegado no unirse a una de ellas, porque la falta del estatus que confiere la pandilla lo pone en riesgo de ser atacado, violado o asesinado.
“El ambiente de la cárcel es muy anormal y la gente hace cosas inimaginables que Usted no esperaría de una persona normal. Por lo tanto, nosotros tratamos de estabilizar la situación”.
Segun el Sr. Thomas, una vez un prisionero comienza la capacitación, por lo general pide ser transferido a otra parte de la prisión con el fin de completar su rehabilitación sin ser afectado de nuevo por la violencia. Depende de ellos mismos completar el proceso con éxito. En Sudáfrica, la mayoría de los delincuentes condenados -ocho de cada diez- terminan infringiendo la ley después de su liberación, ya que no conocen otra vida aparte de la que han vivido en la cárcel. Sin embargo, el Sr. Thomas dice que aun no ha escuchado que un solo hombre con los que ha trabajado haya regresado al sistema penitenciario. |
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El personal de la prisión casi impide que el intercambio con El Barco de la Paz sucediera; pero el Sr. y la Sra. Thomas demostraron sus habilidades de resolución de conflictos y negociaron con la administración para permitir que las actividades de la mañana siguieran adelante. |
Diecinueve participantes de El Barco de la Paz visitaron la prisión de máxima seguridad para interactuar directamente con los reclusos, que cumplen penas por delitos violentos y asesinatos, y participar en una demostración de las sesiones de capacitación. Mientras caminaban por los pasillos de cemento y se sometían a requisas de seguridad, los participantes pudieron escuchar el ruido de las puertas de las celdas y los gritos de los reclusos. No fue posible apaciguar esta situación, que se hizo más evidente al ver la puerta de la sala de reuniones asegurada con una soga. Los presos no se avergonzaron de contarle a los participantes sobre los crímenes que cometieron y muchos ahora llevan los tatuajes de sus pandillas respectivas.
“Es necesario tener confianza en lo que uno hace”, dice el Sr. Thomas, “Y no se puede ir a Pollsmoor si se tiene miedo o prejuicios”. Mientras guiaba a los participantes por los corredores de Pollsmoor, sonrisas aparecieron en la multitud de caras sospechosas y de ceños fruncidos y en casi todas las celdas por las que pasaba fue recibido con un apretón de manos o un abrazo – una clara señal de las conecciones que ha hecho y de las vidas que ha ayudado a cambiar.
“Yo tuve que mirar hasta el fondo de mí mismo”, el Sr. Thomas dice, “Y entender que la diferencia entre alguién que ha cometido un crimen y yo es muy pequeña”. |
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| Los participantes hablaron abiertamente con el Sr. Thomas acerca de los conflictos en sus vidas personales. |
Las actividades y charlas facilitadas por el Sr. Thomas no son solo para cárceles, ya que incorporan estrategias que todos podemos utilizar en nuestra vida diaria. El Sr. Thomas impartió tres talleres abordo para los participantes de El Barco de la Paz, mostrándoles cómo salir de un conflicto, a veces físicamente y cómo analizar el conflicto desde todas las perspectivas. Propuso también diversas situaciones cotidianas – tales como desacuerdos familiares o conflictos en el trabajo – como ejemplos con los que cualquiera puede sentirse identificado. Sin embargo, todos los pasos para resolver estos problemas son los mismos que él le presenta también a los prisioneros, como los participantes pudieron apreciar durante la visita.
No solo fue importante para los visitantes del viaje global 68 participar activamente en una de estas sesiones, sino que también ésta fue una oportunidad para que los reclusos vieran que hay gente que admira sus esfuerzos por mejorar. Como dijo el Sr. Thomas, “Yo pienso que también les da el mensaje de que no todo está perdido, que hay personas que están pensando en ellos y en sus condiciones.” |
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