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7 de febrero de 2010 Michael Joseph y Acompañamiento para la Protección de los Derechos Humanos – Una acción simple que salva vidas
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El trabajo de documentación de Joseph en la Comisión de Paz es publicado en un reporte anual que alerta a organizaciones internacionales y a gobiernos extranjeros sobre las violaciones de Derechos Humanos en Colombia.

En los días antes de que Michael Joseph abordara El Barco de la Paz -en Ciudad del Cabo, Sudáfrica-, noticias de última hora en Colombia aseguraban del hallazgo de una fosa común conteniendo más de 2,000 cadáveres. Según el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de Colombia, esta es la fosa más grande en la historia de América Latina. Sin embargo, no se trata de un cementerio de un conflicto pasado o incluso de los restos de un período conocido como “La Violencia”, ocurrido entre 1948 y 1960 y que dejó más de 200,000 víctimas. Los cadáveres encontrados en el muncipio de La Macarena (a 200 km de distancia al sur de Bogotá) son todos de personas asesinadas durante los últimos cinco años en la contínua guerra civil entre el gobierno – con la ayuda de los paramilitares - y los grupos guerrilleros de izquierda.

Ambas partes declaran estar luchando por el bien de la gente; pero es evidente por este descubrimiento que el conflicto no está salvando vidas. Sin embargo, una serie de organizaciones internacionales que trabajan en Colombia y en toda Amárica Latina está ofreciendo protección a los individuos y comunidades sin tomar las armas.
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Activistas de Derechos Humanos y líderes comunitarios, como el Luís Eduardo Guerra, quien ya falleció, son víctimas frecuentes de ataques violentos en Colombia (Foto cortesía de Michael Joseph)

Joseph ha estado involucrado en el acompañamiento para la protección de los Derechos Humanos y en la documentación de violaciones a los Derechos Humanos durante casi quince años. Actualmente trabaja para la Comisión de Paz del Consejo Evangélico de Colombia. El afirma que el acompañamiento es una protección preventiva y no-violenta a individuos amenazados de ataques por motivos políticos o por ejecuciones extrajudiciales. “El objetivo del acompañamiento no es eliminar el peligro, sino crear un espacio seguro para que los activistas continúen su trabajo”. Líderes comunitarios, defensores de los Derechos Humanos, organizadores sindicales y testigos de ataques políticos son algunas de las personas que más sufren de amenazas violentas.
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Rosindo Romero, organizador comunitario y lider religioso que Joseph visita regularmemte, está vivo gracias al acompañamiento internacional. La policía, que estaba en connivencia con los grupos paramilitares, no hizo nada para protegerlo después de que su vida fuera amenazada en 2007. (Foto cortesía de Micheal Joseph)
Los “acompañantes” protegen a individuos y grupos -durante períodos cortos o largos, dependiendo de la situación- proporcionando una presencia internacional en una situación de conflicto nacional. El dice que “Puede que tenga un significado simple; pero con impactos profundos”, añadiendo que los acompañantes no son mediadores o escoltas. En países como Colombia, los autores de ataques violentos desean la más mínima atención para que la intimidación sea efectiva. No solo los acompañantes son un elemento disuasorio, sino que también observan la situación y reportan a otras organizaciones -gobiernos y grupos humanitarios- lo que está sucediendo en la zona. Se trata tanto de un estimulo como de una protección: Los acompanantes deber ser lo suficientemente obvios para detener cualquier acto de agresión y al mismo tiempo permitir que aquellos a quienes protegen puedan continuar su trabajo con eficacia.
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Una vigilia en frente de la Embajada de Estados Unidos en Bogotá en 2000 llamó la atención de los medios de comunicación y del Ministerio de Defensa estadounidenses.

Acompañamiento para la Proteccion de los Derechos Humanos ganó impulso en Centroamérica durante los años 80. Los conflictos de la región en ese entonces – en Guatemala, Nicaragua y El Salvador – sufrieron en gran medida la influencia de la política exterior de los Estados Unidos. “La gente en los EE.UU. sintió una responsabilidad por lo que estaba sucediendo en América Central”. El explica, por ejemplo, que el acompañamiento en Guatemala inició con dos personas de las Brigadas Internacionales de Paz (PBI por sus siglas en inglés) que fueron al país y ofrecieron ayuda en lo que fuera posible. La policía “dio marcha atrás” después de darse cuenta que había una presencia internacional en las comunidades donde ellos estaban amenazando a la gente por hablar en contra de violaciones de los Derechos Humanos. Actualmente, organizaciones como PBI y Testigos por la Paz, ambas con las que Joseph ha trabajado, así como las Fuerzas de Paz No Violentas - de la cual El Barco de la Paz es miembro- operan en toda América Latina y en otras regiones del mundo.

Existen riesgos en el acompañamiento, especialmente en Colombia. “En Colombia, todo se reduce a si el riesgo proviene de los paramilitares, de las guerrillas o del ejército colombiano. En general, los paramilitares y el ejército no quieren hacerle daño a un ciudadano estadounidense porque (el gobierno) les caería encima”. Las guerrillas -Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia o FARC – no son tan susceptibles a esa presión y han secuestrado o asesinado extranjeros. Debido a esto, los acompañantes tienen que elegir en cuales situaciones se involucrarán. Joseph dice que “Si las FARC están amenazando a grupos o individuos, el acompañamiento podría de hecho hacer la situación aún más peligrosa. Yo tengo que analizar eso constantemente”.
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Joseph dice que el acompañamiento lo pone en contacto con algunas de las personas más inspiradoras que ha conocido y lo ayuda en el desarrollo de una red de apoyo mundial para el trabajo por los Derechos Humanos.

Joseph le dijo a los participantes del viaje 68 que el acompañamiento no siempre requiere de una presencia física, refieriéndose a un aspecto del acompañamiento – el acompañamiento político - como un movimiento global, que trata de difundir el trabajo por los Derechos Humanos a otras partes del mundo. El animó al público a cambiar de opinión sobre lo que ellos están tratando de lograr con su viaje por el mundo. En vez de ir a algún lugar a aprender algo nuevo, sugirió a los participantes a tomar el simple paso de pensar en lo que su visita a una organización representa para el trabajo que esa organziación realiza y que compartan sus opiniones con amigos y familia a su regreso. Muchos activistas de Derechos Humanos trabajan en sitios remotos, con frecuencia con poco apoyo y necesitan del estímulo de saber que su historia se está propagando y saber que hay gente que se interesa por el trabajo que ellos hacen.