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Life Onboard |
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February 10, 2010
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| 18 de enero de 2010 |
Hayakawa Chiyaki – El corazón de Africa en el corazón de Kibera |
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Venir abordo de El Barco de la Paz fue una cuestión de familia para Hayakawa Chiaki, quien vino acompañada de su hijo Yuta (a la derecha), su nieto Amari, y su hija Maya (fuera de la foto). |
“¡Tengo 500 hijos, y todos míos!”
La mayoría de la gente lo pensaría dos veces antes de hacer una confesión así; pero la Sra. Hayakawa Chiyaki no está exagerando. En Kenia, donde la Sra. Hayakawa ha vivido durante ya 21 años, la comunidad y la familia son una misma cosa.
En el barrio marginal de Kibera – a escasos 20 minutos del centro de Nairobi- miles de niños y niñas viven en las calles sin ninguno de esos dos apoyos. Muchos han perdido a sus padres a causa de enfermadades – SIDA y malaria - o por la violencia, la Sra. Hayakawa dice, y algunos otros han huído de sus casas para escapar de los abusos o del trabajo forzado. Ellos escarban en los montones de basura para encontrar comida y encuentran refugio en los callejones sucios de los barrios marginales. Muchos de estos niños y niñas han sufrido tanto que no pueden hablar e inhalan disolventes de pintura para olvidarse de todos estos sufrimientos. |
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| El barrio de Kibera es la segunda zona marginal más grande de Africa (fotografía cortesía de Hayakawa Chiaki). |
Bajo un techo de hojalata brillante en un laberinto de madera gris y chozas de barro, la Sra. Hayakawa les abre las puertas día a día a cientos de estos niños y niñas en la Escuela de Huérfanos del Buen Samaritano de Mashimoni (MAGOSO).
Ella comenzó la escuela en 1999 con Lillian Wagala, su mejor amiga de 20 años y una mujer que ella describe como “una persona maravillosa”. Lillian, dice la Sra. Hayakawa, creció huérfana y crió a sus hermanos menores por sí sola. Cuando sus hermanos y hermanas ya podían valerse por sí mismos, Lillian abrió su casa a los niños de la calle. Ese fue el comienzo de MAGOSO. Diez años después, el centro ha crecido, de un piso de la casa de Lillian a una escuela, una biblioteca y una cocina que alimenta a los 500 alumnos que allí asisten. |
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| Niñas en la escuela Magoso de Mashimoni (fotografía cortesía de Hayakawa Chiaki). |
En sus tres semanas a bordo de El Barco de la Paz, la Sra. Hayakawa enseñó a los participantes acerca de las dificultades en la ciudad de Kibera, que consta de 13 pueblos -Mashimoni es uno de ellos. Apróximadamente 1.2 millones de personas viven en Kibera, muchos de los cuales migraron del campo con la esperanza de encontrar trabajo en la capital, a 7 km de distancia. Ellos no tienen casi nada, ella dice, ni seguridad, ni seguro social.
Uno nunca se daría cuenta, dice ella, mirando a los rascacielos y hoteles lujosos en el centro de Nairobi, que tanta pobreza existe en Kenia. El gobierno ha ignorado el problema.
Lo especial de las conferencias y talleres de la Sra. Hayakawa es la atmósfera positiva que ella crea mientras habla de las dificultades y la felicidad que comparte con su familia en MAGOSO. “La gente que vive allá (Kibera) tiene una energía poderosa. Ustedes pueden ver el poder en la gente...ellos irradian un brillo en sus ojos”.
La población de Kenia, añade, se preocupa unos de otros. A pesar de que no tenían mucho dinero, la gente de Kibera fue la que construyó la escuela e incluso recaudaron fondos entre ellos. Lillian, quien tiene su propia familia de la que cuidar, recolecta donaciones cada semana y varios voluntarios del colegio son exalumnos. |
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No pasó ni un solo día sin que todos pudieramos escuchar la voz de Hayakawa Chiaki entonando las bellas canciones tradicionales de Kenia. |
La Sra. Hayakawa emplea su experiencia en la industria turística y en la producción de televisión para recolectar ayudas para Magoso - apoyo financiero y de voluntarios - y también como herramienta para promover el entendimiento sobre el desarrollo sostenible en Africa y más allá. Con la colaboración de un programa de FujiTV en 2004, Ai Nori capturó la atención de los espectadores en Japón, quienes donaron suficiente dinero para construir otra escuela en la aldea de Miritini cerca de Mombasa.
“La mayor parte del tiempo, los japoneses tienen un sentimiento de culpa casi natural. Ellos se sienten culpables cuando ven a los pobres muriendo de hambre (porque son un país rico). No creo que esa sea la solucion. Preferiría que la gente comprendiera y viviera la riqueza cultural de Kenia y viera algo más que solo pobreza”.
El envío de ayuda por la vía gubernamental, dice, ha contribuido a propagar la corrupción en Kenia y ha ayudado a los países ricos a hacerce más ricos en vez mejorar la calidad de vida en lugares como Kibera. Ella quiere que la gente vea a los demás en términos de igualdad y que trabajen juntos, como parte de una comunidad global: Se trata de forjar relaciones y de hacer amistades.
“Estos ninos me han enseñado lo que significa vivir. Ellos son mis maestros. Yo no los estoy ayudando, ellos me estan ayudando a mí”.
Con la asistencia de traducción por Fukuda Hikari, Hiramatsu Yuta y Takayama Mariko. |
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