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February 10, 2010
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| 3 de enero de 2010 |
Carmelita Nuqui y DAWN – Las falsas promesas de una vida mejor |
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La Coordinadora Internacional de El Barco de la Paz, Meri Joyce, le da la bienvenida de regreso a las Filipinas a Mel después de una estadía corta pero ocupada dentro del barco. |
Desde los años 70, miles de mujeres filipinas se han mudado a Japón con la intención de trabajar como artistas, solo para verse obligadas a atender a hombres en los cabarets del país. Al llegar a Japón, sus nuevos empleadores retienen sus pasaportes y las obligan a trabajar por largas jornadas por menos dinero de lo prometido, básicamente manteniéndolas prisioneras cuando no están trabajando.
“A pesar de que uno esté necesitado de dinero deber ser tratado como un ser humano,” dice Carmelita Nuqui, la Directora Ejecutiva de la Red de Accion para el Desarrollo de la Mujer (DAWN por sus siglas en inglés), en Manila, y una de los educadoras invitadas de El Barco de la Paz. Mel -como se le conoce abordo- cofundó DAWN en 1996, después de presenciar el maltrato dado a las mujeres filipinas que trabajan como artistas en el exterior.
Mel recuerda que en una visita a Nagasaki en 1990, mientras representaba a un sindicato, tuvo la oportunidad de ir a un bar Filipino. Ella estaba emocionada de ver a las artistas de su país; pero no tenía ni la menor idea del lado más sórdido de estos establecimientos. “Fue impactante”, dice, “ver un baile tradicional convertirse en un strip tease para los clientes japoneses”.
Japón es el destino principal para las filipinas que aplican a visados clasificados como “artistas y entretenimiento extranjero” y en el 2004 el gobierno japonés expidió cerca de 80,000 visados de artistas bajo un acuerdo con el gobierno filipino. “Uno no se puede ni imaginar los problemas que estas 80,000 mujeres tienen”, dice ella. |
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Algunos participantes interesados en el trabajo de DAWN se reúnen con Mel para discutir formas en cómo ellos pueden ayudarle durante su estadía abordo. |
Las mujeres suelen regresar a su país sin dinero: no solo terminan ganando menos de lo esperado, sino que incluso muchas tienen que pagar a los reclutadores que organizaron sus visas y las entrenaron para los bailes que nunca llegaron a presentar.
“Uno se aferra a esa clase de vida pues no hay otra opción,” dice Mel. Las mujeres hacen un gran sacrificio con la esperanza de ganar más dinero de lo que podrían obtener en Filipinas, donde el 70 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza.
“He vivido en Manila toda mi vida y siempre me he preguntado porqué no podemos superar este problema”, dice Jacquelyn Sy, una voluntaria filipina de El Barco de la Paz. Como Mel, ella culpa a los gobiernos corruptos por aprovecharse de los más vulnerables.
La visa de entretenimiento fue un acuerdo entre Filipinas y Japón, con la finalidad de continuar con el comercio sexual después de que en Japón se exigiera el fin a los viajes de turismo sexual que ciertos japoneses realizaban a ese país. Ambos gobienros, dice Mel, tenían pleno conocimiento del maltrato al cual las mujeres tendrían que someterse. Gracias a la presión política de organizaciones como DAWN, Japón en los últimos cinco años ha disminuído el número de visados expedidos: El año pasado, dice ella, Japón solo otorgó 2,000 permisos.
Es un gran paso; pero no se ha resuelto el problema. El gobierno Filipino sigue intentando continuar la trata de mujeres filipinas. “Cuando Japón comenzó a cambiar sus política” dice ella, “El gobierno Filipino aumentó el numero de artistas enviadas a Corea”. |
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Mel trajo consigo muchos productos elaborados y teñidos a mano para ofrecerlos a los participantes que buscan comprar recuerdos hechos en esquemas de comercio justo para sus familiares y amigos. |
En una conferencia para los participantes de El Barco de la Paz, Mel le dijo a la audencia que Filipinas debe apoyar a su población, no explotarla para su propio beneficio. La capacitación en industrias sostenibles, dice, es la clave para prevenir que las mujeres dependan del trabajo en el exterior.
En DAWN, las mujeres que regresan - que son referidas a esta ONG por el Departamento de Bienestar Social y Desarrollo - tienen la oportunidad de participar en cursos de capacitación para buscar una nueva forma de ganarse la vida, a través del programa “Sikhay”. Durante los últimos 14 años, DAWN ha capacitado a mujeres en trabajos textiles, como costura, tejido y teñido y recientemente comenzó a enseñar un curso de cosmetología. Por el momento, 70 mujeres están trabajando con DAWN.
“Elegimos este tipo de capacitación porque es muy terapeútica”, dice ella, “Es como armar cosas y recoger pedazos sueltos. Tiene dos propositos: terapia y obtención de ingresos para sus hijos”.
Sobre la visita de El Barco de la Paz a DAWN y el intercambio cultural con niños Japonés-Filipinos: click here: www.peaceboat.org/english/voyg/68/poc/mani/index.html
Para más información acerca de DAWN, visite: www.dawnphil.org.
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