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21 de octubre de 2009 Estudiantes internacionales de Tübingen – Enfrentando el pasado, enfrentando la verdad
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El estudiante de ciencias políticas y geografía, Robert Strohbach, hace un resumen sobre la sesión que acaba de tener con los sobrevivientes nucleares. Robert confesó estar sorprendido con las políticas del gobierno japonés de ese entonces, para esconder los verdaderos datos sobre los efectos de los bombardeos atómicos.

El legado de la Alemania nazi es un recuento de la aniquilación en masa de los Judíos de Europa y de otros grupos perseguidos en campos de concentración, de la muerte de millones de otros civiles como resultado de los combates, de incontables familias desplazadas y de la destrucción de invaluables tesoros de la historia humana. También es una historia que incluye la confusión y el sentimiento de culpa contra la que mucha gente en Alemania continúa luchando, 64 años después del término de la II Guerra Mundial.

“¿Fue tu abuelo un asesino?”. Lo directo de la pregunta sorprendió a la audiencia, durante la presentación realizada por el grupo de estudiantes internacionales provenientes de la Universidad de Tübingen, Alemania. El tema de su estadía de una semana a bordo del viaje global 67, desde Izmir, Turquía, hasta Civitavecchia, Italia, fue “Asumiendo el pasado”, el cual incluyó un taller muy especial con los sobrevivientes nucleares, en el cual los estudiantes pudieron compartir sus testimonios. Asimismo, cuando el barco visitó Dubrovnik, los estudiantes sostuvieron un encuentro con víctimas de la guerra que engulló a Croacia en los años 90.

Desde el punto de vista de los estudiantes, asumir el pasado significa enfrentar los temas en una forma directa, haciendo preguntas a veces duras de responder y desenterrando los hechos. A través del intercambio a bordo, ellos también descubrieron que la cultura influye en la forma en que se tratan los hechos del pasado. La estudiante de Doctorado, Sophia Benz, confesó que le sorprendía el hecho que los Hibakusha no buscaban culpar a nadie directamente por los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki; al contrario de las nuevas generaciones en Alemania, en donde muchas veces se buscan culpables, en lugar de simplemente asumir los hechos en una forma vaga. Aunque ella dijo que apreciaba el punto de vista de los Hibakusha, le preocupan las implicaciones que este enfoque pueda tener, al momento de definir las responsabilidades del pasado y en el proceso de reconciliación.
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El programa de estudiantes internacionales del Barco de la Paz también dio la oportunidad para que los estudiantes aprendieran un poco acerca de la cultura de Japón. En la fotografía (de izquierda a derecha) se ve a Bettina Melzner, Jessica Chmura, y a Daniela Peukert aprendiendo sobre la ceremonia del té.
El nacionalismo es un tema tabú en Alemania. Según los estudiantes internacionales, mucha gente en Alemania es muy sensible incluso ante el menor signo de orgullo nacional. El estudiante de ciencias políticas, Harald Podlech, comentó el impacto que en él tuvo ver el entusiasmo de las celebraciones de la victoria de Alemania en la Copa del Mundo del año 1990, cuando las calles se inundaron de banderas alemanas, siendo la primera vez que él y sus amigos presenciaban una muestra tal de orgullo patriótico. A pesar de que en ese momento lo disfrutó, le pareció una sensación extraña y confiesa no estar listo para asumirlo plenamente.

El Sr. Uli Jaeger, Director del Instituto de Educación para la Paz de Tübingen, enfatizó que confrontar el pasado es un paso esencial en el proceso de construcción de la identidad alemana contemporánea. Según él, el final de la Guerra Fría y la Reunificación de Alemania le facilitaron a muchos de la generación de la guerra hablar acerca de los eventos ocurridos durante el Tercer Reich. Para el Sr. Jaeger, es necesario que la identidad alemana no permanezca sin ser definida, sintiéndose orgullosos de ser alemanes, sin aplicar ningún concepto de superioridad.

Sophia Benz nos comentó también estar orgullosa de ser alemana por el énfasis que su país le da a las energías alternativas, su activa participación en el marco de las Naciones Unidas y sus diligentes esfuerzos por establecer relaciones positivas con otros países afectados por la guerra. Por su parte, Nadine Heptner, asistente científico del Instituto de Educación para la Paz, habló del extensivo uso de intercambios estudiantiles entre Alemania, Francia y Polonia, y sobre el rol que estos programas tuvieron en el proceso de reconciliación y en el compromiso por compartir un futuro en comunidad dentro de Europa.

Los estudiantes fueron también bastante francos al hablar de lo difícil que fue para ellos conversar con sus familias acerca de lo que se había vivido durante la guerra, ya que revivir los hechos es aún muy difícil, tanto para aquellos que presenciaron y/o participaron en las actividades del régimen Nazi, como para aquellos que escuchan las historias. Sin embargo, los estudiantes internacionales de Tübingen están convencidos de que el completo conocimiento de la verdad es la mejor forma de asegurar que eventos como los ocurridos en la II Guerra Mundial no se repitan de nuevo.