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16 de octubre de 2009 Defendiendo a la infancia en la aldea de Mtwapa
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Los niños de la aldea de Mtwapa montaron un pequeño concierto para las y los participantes de El Barco de la Paz, antes de nuestra salida de Kenia. Entre el repertorio se incluyeron canciones y poemas que hablaban sobre sus retos y sus esperanzas para el futuro.

Cuando la gente se encuentra por primera vez con los niños de Mtwapa, es fácil imaginarse que tienen una vida sin problemas, ya que sus brillantes ojos y sonrisas sugieren una vida de satisfacción y seguridad. Desafortunadamente, esta primera impresión no tiene nada que ver con la realidad que se vive en esta comunidad.

Mtwapa es un pequeño pueblo pesquero a 30 kilómetros de Mombasa, Kenia, y el área es bastante atractiva para deportes acuáticos y actividades pesqueras, con un turismo que ha venido creciendo constantemente a lo largo de los últimos 30 años. Sin embargo, esta nueva industria de servicios cambió la forma de vida de la comunidad, trayendo consigo nuevos problemas sociales y económicos, entre los que destacan el aumento de los precios de los alimentos, una tasa de desempleo del 80% y un incremento del número de afectados de VIH-sida y de la criminalidad. La vida en la calle y la prostitución se han convertido en alternativas comunes para muchos jóvenes locales.
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El alto desempleo que se vive en Mtwapa hace difícil que las familias puedan proveer con éxito una atención básica para sus hijos e hijas, y más de un centenar de niños dependen del Centro Agape para su alimentación diaria.

La mayoría de las familias de esta aldea residen en viviendas de una sola habitación, sin electricidad ni agua potable, y los residentes deben gastar 1 dólar para comprar 20 litros de agua. Este dinero proviene de un presupuesto familiar de un promedio de 50 dólares al mes, en el caso de familias donde ambos padres trabajan, o de solo 25 dólares para madres solteras. Muchos de estos escasos recursos se destinan a tratar de asegurar la alimentación básica y un lugar para dormir; por lo que, ante estas prioridades, no es raro que muchos niños reciban una educación muy pobre, o ningún tipo de educación incluso.

En el año 2002, John e Isabella Opindoh fundaron el Centro Agape para Niños, con la finalidad de ofrecer refugio y alimento a huérfanos de 4 a 13 años de edad, y ahora esta institución incluye ya un Jardín de Infantes y una escuela vocacional. En el Centro Agape, 150 niños reciben educación básica y sus comidas diarias. Sin embargo, John e Isabella viven en una constante lucha para alimentar a estos niños, y en la mayoría de los casos pueden ofrecerles solamente una comida al día.
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Participantes del viaje global 67 pintan un mural en una de las nuevas paredes del Centro Agape. Este mural incluye las marcas de las manos de los participantes de El Barco de la Paz y de los niños de la escuela, y en él se ven dibujadas las palabras “Paz”, “Amor”, “Sueños” y “Esperanza”, en japonés.
Antes del inicio del viaje global 67, El Barco de la Paz realizó diversas actividades para recaudar fondos que donar al Centro. Este dinero se utilizó para terminar el techo y añadir un salón más a la escuela. En esta ocasión y para conmemorar la larga relación de amistad entre El Barco de la Paz y el Centro, los participantes de nuestro viaje actual pintaron un mural en una de las nuevas paredes del edificio.

A pesar de estas contribuciones, muchos de los participantes se sintieron agobiados por el tamaño y la cantidad de retos a los que se enfrenta la aldea de Mtwapa. La participante Inami Wakabe, compartió lo incapaz que se sintió cuando una madre y su hijo la abordaron en la calle diciéndole “tenemos hambre, tenemos hambre”. El coordinador del proyecto Mtwapa durante el viaje global 67, Ueshima Yasuhiro, estuvo de acuerdo en que aún hay mucho por hacer, diciendo que, aparte del apoyo en materiales de construcción e infraestructura que se da al Centro Agape, era obvio que se necesita también asistencia en los temas de alimentación y agua potable. Reconfirmando el compromiso de El Barco de la Paz con el Centro, pidió a otros individuos y organizaciones que se involucren directamente con las actividades de Agape.

La Educadora invitada, Harada Eri, visitó también la aldea de Mtwapa, y ella misma había organizado en Tokio varias clases de Pilates, con la finalidad de recolectar fondos para la aldea antes de que iniciara el viaje global. A pesar de la tristeza que le infundió la visita, regresó al barco inspirada y esperanzada ante lo innegable que era la fuerza de la gente de la aldea. Ella, como muchos otros, están comprometidos en poner de su parte para que las circunstancias de la aldea estén al nivel de las sonrisas de sus habitantes.