|
 |
 |
 |
|
Special Report |
LAST UPDATE January 6, 2010
|
|
site design imagesparkle.com |
| 3 de octubre de 2009 |
Hibakusha Tanabe – Tanabe Shunsaburo: También las víctimas tiene una responsabilidad |
|
|
|
El Sr. Tanabe es de la creencia que, compartiendo sus testimonios sobre el bombardeo de Hiroshima, está cumpliendo con su responsabilidad ante la humanidad. |
Tanabe Shunsaburo todavía tiene pesadillas acerca del día en que el sol explotó, y con sus ya 84 años encima, se acuerda detalladamente sobre los hechos ocurridos el 6 de agosto de 1945. El Sr. Tanabe (llamado “abuelito” de cariño por todos a bordo), es el mayor de los Hibakusha (el término japonés que designa a los sobrevivientes nucleares) a bordo del viaje global 67 y desde el inicio del viaje ha venido compartiendo sus testimonios sobre el bombardeo de Hiroshima.
En 1945, el abuelito era un ordinario y saludable estudiante de 20 años de edad. Debido a la guerra, el horario escolar había sido modificado y el 6 de agosto, se encontraba con unos amigos en una fábrica. Las hostilidades de la II Guerra Mundial habían continuado ya por mucho tiempo y, como muchos jóvenes japoneses de su época, el abuelito se había acostumbrado a ver aviones de guerra estadounidenses B-29, a las sirenas de alarma y a las explosiones. Cuando él vio otro de esos aviones sobrevolar el área en la mañana del 6 de agosto, lo único que esperaba que ocurriera era otra de las ya continuas explosiones y evacuaciones.
Fue un poco después de las 8 de la mañana cuando la bomba atómica, llamada “El niño pequeño” (“Little boy” según su nombre original en inglés), fue lanzada sobre Hiroshima. Estando a dos kilómetros del hipocentro, el abuelito recuerda bien una gran luz cegadora y un calor muy intenso. A la luz la siguió una gran ráfaga de viento y luego una inmensa nube gris que se fue expandiendo en el cielo. Después de esto, él continuó aferrándose al suelo en espera de otras explosiones que pudieran venir después; pero no pasó nada. Sin embargo, él no tenía ningún conocimiento de lo que eran las bombas atómicas, ni tenía idea del horror que lo esperaba más allá de su escondite.
Con la cara muy herida, fueron los gritos de su amigo, Saito, lo que lo distrajo de su propio dolor. A Saito, el impacto de la bomba lo había hecho volar y había quedado soterrado bajo los escombros, y estaba cubierto de polvo y sangre. El abuelito se acuerda de lo mucho que le costó agarrar a su amigo, porque tenía la piel despegada del cuerpo y se le caía al tratar de sacarlo. La imagen de las heridas de Saito fue solo el comienzo del sufrimiento con el que él se encontraría como consecuencia de la bomba. |
 site design imagesparkle.com |
|
| El abuelito utiliza el arte como una forma de explicar todo lo que vio y vivió como consecuencia del bombardeo de Hiroshima. |
Afuera de la fábrica, todos los edificios a la redonda se encontraban en llamas. Llevando a su amigo en brazos, el abuelito empezó a vagabundear por las calles en búsqueda de ayuda. En el camino se encontró con una gran cola de gente que también había sido quemada por la explosión y que estaba pidiendo agua, y caminaba en dirección a él con los brazos extendidos y con la piel tan dañada que les colgaba del cuerpo. El abuelo se recuerda de que más bien parecían fantasmas. Después de buscar durante un rato, pudo encontrar algo de agua y se decidió a compartirla con la gente que estaba quemada. Sin embargo, de repente se recordó de que alguien le había enseñado que es peligroso dar de beber a las víctimas de quemadas graves; pero ya era demasiado tarde. El primer quemado que bebió del agua a grandes tragos, ya estaba muerto por las convulsiones.
El abuelito hizo todo lo que pudo por ayudar; pero muchas veces las cosas que veía eran demasiado para él. Un bebé muerto que se desintegró en cenizas cuando lo quiso levantar, un hombre que tenía los pulmones de fuera de lo grande que tenía las heridas, un hombre al que se le cayó el cuero cabelludo al rascarse la cabeza, y cadáveres con los ojos y las lenguas de fuera, fueron solamente una parte de toda la miseria con la que se encontró cuando trataba de ir a la ciudad. Para cuando se topó con un mar de cuerpos muertos flotando en el río Ota – que se habían ahogado tratando de buscar agua – el abuelito ya estaba fuera de sí.
Más tarde ese día, tuvo la alegría de poder encontrar su casa todavía intacta, y ya que tenía relativamente pocas heridas, tuvo la esperanza de que la vida volvería a la normalidad pronto cuando las heridas le cicatrizaran y Hiroshima fuera reconstruida. Sin embargo, seis años después, cuando se hizo un reconocimiento médico como parte de un proceso de solicitud de empleo, le descubrieron que tenía muy poca cantidad de glóbulos blancos en la sangre. Lo hospitalizaron por un mes ante el temor de los médicos de que se tratara de leucemia. Después de eso vino el cáncer intestinal, las fallas del hígado y una vida de perennes complicaciones de salud. También, sufrir las consecuencias de la radiación le quitaron las ganas de construir una familia propia. |
|
|
El Sr. Tanabe continúa medicado por una serie de condiciones de salud que se desarrollaron a causa de la bomba. En la fotografía se ve su ración de medicinas para los tres meses que dura el viaje global 67. |
El abuelito comparte su historia con todos los que la quieran escuchar, y cuando le preguntan cómo se siente al momento de revivir un momento tan duro de su vida, dice que lo hace porque siente la responsabilidad de asegurarse que el mundo no olvide el impacto inmediato y retardado de las bombas atómicas. Sus detallados recuerdos del bombardeo de Hiroshima han sido invaluables para el proyecto Hibakusha de El Barco de la Paz para las actividades en favor de un mundo libre de armas nucleares.
El abuelito está también y muy particularmente interesado en compartir sus experiencias con las generaciones jóvenes. Lo que le preocupa es que la gente joven desestime los peligros de la existencia y de la proliferación de armas nucleares, porque ellos no han vivido directamente sus efectos, como sí lo hizo la gente de su generación. El espera entonces que su historia pueda aumentar la oposición a las armas nucleares entre los ciudadanos del mundo y que ellos a su vez puedan exigir que sus gobiernos tomen compromisos concretos en contra de estos armamentos. |
|
|
 |
|