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3 de noviembre de 2009 La Habana, Cuba – transformando consumidores en productores
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El sabroso y fresco cilantro crece en los contenedores de organopónico, en el “Vivero Alamar” de La Habana.
En Cuba, un muy antiguo proverbio continúa siendo verdad: La necesidad es la madre de la inventiva. Hace 20 años Cuba estaba en crisis. La disolución de la Unión Soviética y la disminución del apoyo por parte de otros estados socialistas habían debilitado la economía nacional. A esta situación se agregaron la insuficiencia energética y alimentaria, lo que impulsó al gobierno a buscar soluciones creativas a los retos a los que se enfrentaba el país. Como resultado de estas investigaciones se produjeron una serie de innovaciones en transporte, alimentos, agua y energía, siendo uno de estos ejemplos el llamado “organopónico”, una innovación de la agricultura urbana y que estuvo al centro de uno de los programas educativos de El Barco de la Paz en La Habana.

El organopónico es un método de cultivo que utiliza contenedores de suelo altamente enriquecido para el cultivo de frutas y vegetales en áreas urbanas. El manejo exitoso de un organopónico es un proceso bastante preciso; pero el método ha generado resultados tan satisfactorios que ahora es la piedra angular de la agricultura orgánica en Cuba. Los contenedores son utilizados en zonas con una pobre calidad de suelo y hoy día existen en La Habana más de 8,000 granjas orgánicas que incluyen organopónicos, lo que ha llevado a la capital del país a un nivel de casi autosuficiencia en la producción de vegetales.
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Noel Peña, vice administrador del organopónico “Vivero Alamar” invita a los participantes de El Barco de la Paz a oler la riqueza del suelo que se utiliza en la granja.

Tradicionalmente, la agricultura en Cuba estaba confinada al campo, en donde existe suficiente tierra disponible para la producción a gran escala. Sin embargo, la crisis de transporte y del combustible de los años 90 afectó el movimiento de productos a lo largo del país, y para cuando éstos lograban llegar a su destino final, ya habían perdido mucha de su frescura y valor nutricional. En respuesta, el gobierno trató de llevar la producción más cerca del consumidor final. La agricultura orgánica presentó entonces una opción adecuada para una ciudad densamente poblada como La Habana, por la ausencia del uso de pesticidas y químicos que podrían afectar la salud de los residentes.

Los participantes de El Barco de la Paz visitaron el organopónico “Vivero Alamar” en el centro de La Habana, en donde tanto frutas, vegetales como animales prosperan en una parcela de 10.8 hectáreas de terreno que solía ser un vertedero de desechos de la capital. Esta granja es una de las mayores de la ciudad y en ella trabajan más de 160 empleados en forma regular. En este organopónico, los participantes pudieron observar y tomar parte en el ciclo productivo de la agricultura orgánica cubana. Los productos de esta granja, como lo son lechugas, tomates, guayavas y caña de azucar, abastecen a hospitales y escuelas de La Habana.
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El Sr. Jorge Luis Pozo Menéndez revuelve un contenedor de tierra con lombrices en el Centro de Investigaciones del INIFAT en el centro de La Habana. Los participantes de El Barco de la Paz visitaron sus instalaciones como parte de un programa en agricultura orgánica.

El Sr. Jorge Luis Pozo Menéndez, investigador en el Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical (INIFAT) fue uno de los ponentes invitados en nuestro viaje global 67 y también participó en nuestro programa educativo en La Habana. Siendo un experto en agroecología y agricultura sostenible, ha venido llevando a cabo diversos estudios en especies vegetales, técnicas de cultivo y seguridad alimentaria, así como también ha publicado diversos artículos en el tema de agricultura urbana. Para el Sr. Pozo es importante pensar en el suelo como en un ser vivo, ya que la forma en que la tierra sea tratada tendrá repercuciones en su productividad presente y futura y en la salud de las poblaciones que dependen de ella. Específicamente, habló acerca del uso de lombrices de tierra y humus para crear un ambiente óptimo para cultivar alimentos nutritivos y mantener a la vez la integridad del suelo. De igual forma, el Sr. Pozo enfatizó la importancia de equilibrar la producción de alimentos con la comunidad local y el ambiente. Por ejemplo, el uso de semillas nativas asegura la producción de plantas que ya están adaptadas al suelo, clima y plagas propias del área.

Según el Sr. Pozo, la agricultura orgánica en Cuba no debe ser categorizada como una “revolución”, sino como un “retorno” a los principios agrícolas pre-industriales. Para él, la meta de la agricultura orgánica en este país no es para nada rechazar los logros realizados en la ciencia agrícola. Cuba sencillamente selecciona los métodos de cultivo más beneficiosos para las necesidades presentes y futuras de sus habitantes ya que, según él, la dependencia exclusiva en plantaciones de gran escala ha provado ser insostenible y no ha logrado llenar adecuadamente las necesidades de la población. De igual forma, el Sr. Pozo comentó que la agricultura orgánica en el medio urbano sería de gran utilidad para responder a crisis de alimentos en otras partes del planeta, causadas por el aumento de la población global.