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15 de noviembre de 2009 Callao, Perú – Esperanza a través del arte
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Malabaristas de “Arena y Esteras” realizan una presentación en Villa El Salvador.
Le tomó horas a los amigos de María Elena Moreno recolectar lo que quedó de sus restos mortales. Esta Vice Alcaldeza de Villa El Salvador y frontal activista en favor de los derechos humanos fue muerta a tiros y su cuerpo fue detonado con dinamita el 15 de febrero de 1992, en medio del amplio conflicto civil vivido en el Perú. La muerte de esta líder comunitaria cubrió de sombras a Villa El Salvador – una sombre que la jóven Ana Sofía Pinedo Toguchi se vió impulsada a combatir. Un mes después de su asesinato, Ana Sofía y sus compañeros fundaron el grupo de teatro “Arena y Esteras”, con el objetivo de regresarle la sonrisa a Villa El Salvador.

En 1971, la sobrepoblación y la pobreza de la capital peruana, Lima, impulsó a muchos residentes a buscar otros lugares para habitar. De esta forma y después de un intento de toma de tierras, 81 familias fueron relocalizadas por el gobierno en el desierto próximo a la ciudad. Hoy día, 400,000 peruanos y peruanas viven en Villa El Salvador. Esta comunidad es un modelo de proactividad civil y es muy valorada como un ejemplo exitoso de cómo la población implementó planes de política e infraestructura local con una asistencia mínima del Estado. Sin embargo, empezando en los años 80, Villa El Salvador se convirtió también en campo de batalla de la lucha entre el ejército peruano y el grupo rebelde “sendero luminoso”. María Elena Moreno había apenas dirigido una manifestación en contra de las actividades del grupo rebelde cuando fue asesinada.
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Ana Sofía le presenta diversos instrumentos indígenas peruanos a participantes de El Barco de la Paz.
Según el testimonio de Ana Sofía, durante el conflicto los habitantes de Villa El Salvador sufrieron los abusos de tanto el ejército como de los rebeldes, temiendo siempre por sus vidas, haciendo que todos se sintieran bajo sospecha y al filo del peligro. En esta situación, le pareció necesario recordarles a todos cómo disfrutar las pequeñas cosas de la vida y poco a poco los pasacalles con payasos, acróbatas y malabaristas empezaron a enfilarse entre las arenosas calles de Villa El Salvador, seguidos de un entusiasmado público de adultos y niños. Para Ana Sofía, estos pequeños momentos de alegría fueron el inicio de la reconstrucción del ánimo de la comunidad. En los años después del fin del conflicto, Arena y Esteras jugaría un rol principal en la reconstrucción del tejido social del Perú y en la construcción de un visión positiva de futuro.

Aún depués de diecisiete años de su creación, el aspecto de entretenimiento en Arena y Esteras permanece intacto; pero ahora el grupo se encuentra igualmente enfocado en el desarrollo de valores positivos entre la juventud. Actualmente, Villa El Salvador vive altos niveles de desempleo y criminalidad, 50% de la población es menor de 30 años y muchos jóvenes no lograr completar su educación formal. En esta situación, Arena y Esteras reconoce que las y los jóvenes de su comunidad se encuentran en riesgo y el grupo está activamente involucrado con escuelas dentro y en los alrededores de la comunidad y también ofrece talleres para jóvenes a lo largo del año.
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Las y los jóvenes comforman la mayor parte de la población en Villa El Salvador.
Junto con el entrenamiento en artes teatrales y visuales, Arena y Esteras trabaja en el desarrollo del amor propio y en el inculcamiento de la esperanza en las y los jóvenes. Las presentaciones teatrales del grupo se enfocan en la herencia indígena del Perú y en la historia de Villa El Salvador. Según Ana Sofía, al concientizar a la población acerca de su pasado, Arena y Esteras ayuda a moldear su identidad y a darles confianza a las nuevas generaciones. Para ella, el objetivo final de los programas implementados por el grupo es crear líderes que entiendan la importancia de la felicidad, el respeto por sí mismos y por la comunidad y que trabajen para preservar y desarrollar estos valores.

Cerca de 100 participantes del viaje global 67 visitaron Villa El Salvador y el centro de Arenas y Esteras, mientras el buque de El Barco de la Paz estaba anclado en Perú. La Sra. Kiyoko Tomine pasó dos días en la comunidad y comparó los efectos de Arena y Esteras al de la fábula de “El flautista de Hamelin”. Para ella fue maravilloso ver como las niños corrían saliendo de sus humildes casas para ver las presentaciones y los desfiles en las calles. Por un poco de tiempo, tanto los adultos como los niños parecían dejar de lado sus preocupaciones y disfrutar el color, la música y la comedia del momento. La Sra. Tomine también estuvo impresionada por el nivel de profesionalismo y destreza de los miembros del grupo.
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Arena y Esteras se constituye en puente a través de las generaciones presentes en la comunidad. En esta fotografía, jóvenes y adultos mayores disfrutan juntos de la alegría de bailar.

Ana Sofía dice estar orgullosa de la forma en que Arena y Esteras ha crecido en estas casi dos décadas sin perder el compromiso con sus valores. Una organización surgida del esfuerzo de un grupo de adolescentes para hacer reir a su gente se ha convertido en un gran actor social del Perú. Mientras que Arena y Esteras es ahora reconocida por el gobierno como una institución cultural especial, Ana Sofía espera en el futuro cercano establecer una escuela oficial de artes que sea administrada por el grupo. En Villa El Salvador por su parte, ella también espera que su grupo pueda ayudar a restablecer la solidaridad y el orgullo que la comunidad una vez sintió por la ciudad que todos construyeron con sus propias manos.

Para Ana, la música y la risa son indicadores de la salud de la comunidad, asegurando que el silencio después de un conflicto no indica paz sino muerte. Los gobiernos y la sociedad civil no deben tomar por sentado la importancia de las expresiones artísticas y del entretenimiento en el bienestar de una nación. Ana Sofía considera que un énfasis en la promoción de la alegría es particularmente importante para curar las heridas dejadas en una comunidad o una nación después de un conflicto.