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10 de diciembre de 2009 Todo con calma – Midiendo qué tan ricos somos con tiempo, alegría y servicio
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“¿Porqué vivimos cuando un día nos tenemos que morir?”

Los intentos del Sr. Ryuichi Nakamura por responderse esta pregunta empezaron cuando él a penas tenía seis años. Reuniendo las restos cremados de su abuelo según los ritos funerarios japoneses, se enfrentó a la idea de la muerte y lo impulsó a buscarle un significado a la vida. Esta misma fue la pregunta que le hizo a nuestros participantes en el viaje global 67.

Siendo el último ponente invitado que se unió a este viaje, el Sr. Nakamura confirmó que él estaba totalmente conciente que a este punto del viaje todos los participantes estaban tratando de buscar una forma de aplicar todo lo aprendido en este tiempo alrededor del mundo en sus vidas diarias, de regreso en sus propias casas. Este fue un viaje en el que los participantes aprendieron acerca de las luchas personales de las víctimas de minas en Camboya, sobre la precaria supervivencia de los habitantes de las zonas marginales de Kenia y sobre la vulnerabilidad de los niños en Marruecos. De igual forma, fue un viaje en el que se exploró el impacto que tienen nuestros estilos de vida y de consumo en la comunidad global. Unas pocas semanas antes del final de nuestro viaje, muchos participantes estaban incluso pensando acerca de cambios en sus propias vidas y comunidades. El cambio que el Sr. Nakamura nos sugirió fue bajar un poco la velocidad de nuestro ritmo de vidas.

“El tiempo es nuestro bien más valioso”, comentó el Sr. Nakamura. Nuestro estilo de vida actual es una carrera por posesiones materiales, bajo la ilusión de que todo esto nos llevará a una vida feliz. Esta cultura competitiva y con fines puramente lucrativos impacta nuestra salud, nuestra independencia y nuestra relación con los demás. El Sr. Nakamura incluso le presentó a nuestros participantes el concepto de “Felicidad Nacional Bruta” (FNB), el cual no tiene relación con el Producto Nacional Bruto (PNB), la forma tradicional de medir la riqueza de un país. Haciendo un llamado a los participantes para reevaluar sus prioridades y enfocarse en lo que cada uno más valora, dijo estar seguro que todos descubriríamos que lo que más valoramos no son las posesiones materiales.

Para el Sr. Namakura, el significado de la vida se encuentra en mejorar la vida de los demás, y él está particularmente preocupado por los efectos que los químicos tóxicos tienen en nuestra salud. Empezando por la enfermedad de Minamata producida por el mercurio, los cánceres resultantes del accidente nuclear de Chernobyl en Ucraina y su propia lucha con la Hepatitis pancreática, los méritos de los productos orgánicos saltaron a la vista de todos. El Sr. Nakamura ha pasado las últimas dos décadas investigando y promoviendo la industria orgánica, con la colaboración de productores en países en vías de desarrollo utilizando esquemas de comercio justo.

A pesar de estar de acuerdo con los esfuerzos para mejorar la calidad de vida de los habitantes del mundo, el Sr. Nakamura nos pidió repensar la idea general de que los que son financieramente pobres son necesariamente menos afortunados. De hecho, él considera que la riqueza en tiempo y felicidad que ellos poseen excede con creces la de las economías desarrolladas. El Sr. Nakamura se muestra muy feliz de haber sacrificado una mayor prosperidad económica para construirse una vida mucho más rica en relaciones humanas y bienestar espiritual y emocional.

La forma que él tiene de resumir su filosofía de vida es con la frase “Happy slow culture” (La feliz cultura de lo lento), y hay cinco conceptos incluídos en esta frase: felicidad, paz, local, tranquilidad y cultura. Según el Sr. Nakamura, “al final, no se trata de lo que le podemos sacar al mundo, sino más bien de lo que hacemos para darle un mejor futuro a los que nos seguirán”.

NAKAMURA Ryuichi es el fundador de Cafés Orgánicos, Japón, y es también Presidente de la compañía importadora de té “Wind Farm”. En el año 2004 se le otorgó el título de Ciudadano Honorario de Brasil por su contribución a la industria del café orgánico en ese país. Su ONG, “Club Namakemono” (club de los perezosos) se inspira en la eficiencia de ese animal tropical y se enfoca en concientizar acerca de las ventajas de tomar las cosas con calma. Recientemente, ha ampliado sus actividades para incluir estilos de vida sostenibles. Actualmente reside en una aldea sostenible comunitaria en Fukuoka, Japón.
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