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6 de marzo de 2009 Ushuaia, Argentina – la cultura del Gaucho permanece viva en El Relincho
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El activista tahitiano y cultivador de vainilla, Dr. Gabriel Tetiarahi.
Las montañas que coronan el horizonte en Ushuaia, la ciudad Argentina en la isla de Tierra del Fuego, son unas de las más bellas en el mundo. Sus picos perfectamente punteagudos y cubiertos con parches de blanca nieve evocan sentimientos de permanencia y de resistencia al cambio. Por el otro lado, la ciudad que rodean las montañas ha cambiado drásticamente a lo largo de los últimos cien años. Los café internet y las tiendas de recuerdo se han multiplicado en todo el pueblo, que clama la fama de ser la ciudad más al sur del mundo y la última parada de la mayoría de la gente que se dirige a Antártica. A pesar de que turistas de toda Sudamérica y de más allá transitan por sus calles hoy en día, en el pasado Argentina era el hogar de otro tipo de visitante: El gaucho, una variedad sudamericana de vaquero, como el que se puede encontrar en Norte América, vivía una vida dura pero llena de orgullo, en soledad y a merced de las inclemencias naturales. Los Gauchos han desaparecido en su mayor parte, debido a la comercialización y al desarrollo del siglo XX, pero los Argentinos están orgullosos de su legado y han mantenido vivos aspectos de su cultura. Cuando el Barco de la Paz atracó en Ushuaia, los participantes fueron invitados por las dos familias que poseen el rancho “El relincho” a experimentar la herencia de la vida gaucha.
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Los participantes se apresuran para llevarse a casa una balla de la fragante vainilla del Dr. Tetiarahi.
Camino a El relincho, los participantes probaron el fuerte y amargo té llamado “Yerba Mate”, que aún se bebe en toda Argentina. En el pasado, este té era fuente de cafeína y nutrientes que los Gauchos necesitaban para mantenerse despiertos en la noche y cuidar de sus rebaños de ganado, mientras que su dieta consistía básicamente en carne de res. Una vez llegados al rancho, los participantes tuvieron la oportunidad de montar a caballo. Los gauchos eran orgullosos y altamente capaces al montar. Gracias a su vida nomada, su caballo era en muchas ocasiones la más valiosa, sino la única posesión. Para la mayoría de los participantes esta era la primera vez en que se subían a un caballo. Guiados por Marcel Muñoz, el jefe de una de las familias que poseen El relincho, los caballos tranquilamente llevaron a los participantes por un paseo alrededor de los pastizales del rancho. Ocasionalmente, los caballos decidían salirse de la ruta o acelerar el paso y los participantes lanzaban de vez en cuando gritos de sorpresa. Pero la cabalgata gradualmente se serenó y se convirtió en un momento de relajamiento, rodeados de la serena y poderosamente belle naturaleza del sur de Argentina. Mientras los participantes respiraban el aire puro y se refugiaban en el silencio de las montañas, fue obvio para todos que los Gauchos debieron haber vivido una vida de contemplación espiritual y paz. Pero a medida que el silencio continuó y el sentido de aislamiento aumentó, fue claro que los Gauchos debieron también haber sido víctimas del mal clima, de la intensa soledad y del aburrimiento extremo.
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Gabi le muestra a una jovencita como vestir un Pareo tahitiano.
Los Gauchos no pasaban todo su tiempo afuera en las praderas. El Sr. Muñoz nos encomendó con Angle Zepanta, el otro propietario de El relincho, para que nos diera una probada de la movida vida social gaucha, enfocada en el baile. La familia del Sr. Zepada ha estado llena de bailarines por generaciones, y él inició la primera escuela de danza de Ushuaia, llamada Ballet Folklorico Cruz del Sur. Algunos de los mejores de los 190 alumnos de la escuela realizaron una presentación para los participantes del Barco de la Paz. Los jóvenes hombres y mujeres utilizaron técnicas tradicionales de baile para representar escenas gauchas típicas como cocinar, cazar o incluso pelear por chicas. El baile, llamado “El gato” se enfoca en las habilidades de los hombres, cuyos pantalones bombachos y metidos en las botas fueron ideales para mostrar los rápidos e intrincados movimientos de los pies. Luego, similar al tango Argentino pero un poco más intenso, los muchachos del Ballet Folklorico Cruz del Sur incorporaron herramientas gauchas tradicionales como el lariat y el látigo de cuero. Para la fascinación de la audiencia, también nos sorprendieron con movimientos atrevidos y peligrosos con sus baleadoras, unas herramientas tradicionales consistentes de tres rocas amarradas juntas a una larga cinta de cuero. Lanzando las baleadoras alrededor de sus cuerpos en movimientos espirales y en ocho, parecía que los bailarines estaban a punto de golpear a alguién, pero lograron realizar la presentación con una hermosa precisión.
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Los participantes se agrupan para probar un poco de la vainilla orgánica de Gabi.
Para los participantes fue imposible resistirse a tratar de imitar los movimientos de los bailarines después de la presentación y se pusieron en fila para recibir una pequeña lección privada de parte de los propios bailarines. Obviamente, no era tan fácil como parecía a simple vista. Dirigidas por el Sr. Zepanta y acompañadas por los hombres y mujeres de la escuela, las participantes del Barco de la Paz aprendieron como hacer los movimientos coquetos y los delicados circulos alrededor de los hombres que el baile de El gato requiere; mientras que los participantes varones aprendieron a golpear el suelo con sus suelas para mostrar su poder gaucho. A pesar de que la lección de apenas 40 minutos no fue para nada suficiente para ponerlos a todos al nivel de los bailarines, el ejercicio sil es abrió el apetito, y felizmente el próximo punto del programa era aprender a preparar dos de los platos argentinos mas famosos, las empanadas y los pasteles: el primero, un bocadillo salado de carne de res; y el segundo, un postre de frutas. Finalmente y después de experimentar un poco de la cultura gaucha a través de cada uno de los cinco sentidos, los participantes compartieron con ellos un poco de la cultura japonesa. Lo que hicieron fue cantar una canción tradicional y regalarle al Sr. Zepanta un juego de bata azul y bicha para la cabeza llamada “Jappi” que se usa normalmente en los festivales de verano en Japón. Todos en El relincho disfrutaron de la canción y apreciaron el buen gesto. “Tantos turistas de tantos lugares vienen aquí”, dijo el Sr. Zepanta, “pero sólo los participantes del Barco de la Paz quieren aprender acerca de la cultura gaucha en lugar de simplemente comer y bailar”.