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13 de marzo de 2009 Punta Arenas, Chile – De excursión por Patagonia, los participantes aprenden las lecciones del bosque
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El guía y representante de “Omora”, Cristobal Pizarro, le muestra a los participantes una colonia de hongos miniatura.
Después de dejar las tierras congeladas de Antártica, el Barco de la Paz navegó a lo largo del Canal de Beagle en medio de la región geográfica llamada Patagonia. A ambos lados del barco, los participantes pudieron observar inmensas montañas coronadas de glaciares cuyas corrientes alimentaban altos manantiales. Esta pristina naturaleza inspiró a varios participantes a explorar Patagonia más en detalle cuando el barco atracó en Punta Arenas, Chile. Un grupo del Barco de la Paz visitó la Universidad de Magallanes para aprender acerca de “Omora”, una organización que crea “laboratorios vivientes” a través del establecimiento de reservas. “El propósito de una reserva no es separar o construir un muro entre los humanos y la naturaleza, sino preservar la naturaleza para que los humanos puedan beneficiarse de ella en una forma respetuosa”, dijo Cristobal Pizarro, el representante de Omora quien nos guió en una excursión a través de Patagonia. Uno de los proyectos más grandes de la organización es el parque Etnobotánico Omora, donde la gente puede estudiar el ecosistema y la biología locales desde una perspectiva científica. “Podemos estudiar aquí y luego compartir con la gente que no tiene idea de la biodiversidad del área”, nos dijo el Sr. Pizarro, “Creemos que la naturaleza y la gente tienen una larga historia juntos y que están interrelacionados. No tienen que estar separados”.
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El helecho conocido como “barba de viejo”.
El Sr. Pizarro guió a los participantes del Barco de la Paz en una excursión de dos horas a través de bosques patagónicos protegidos por el Gobierno chileno. A lo largo del camino, los participantes aprendieron acerca del intrincado ecosistema de los helechos y de flores tan pequeñas como un pulgar – un lado de la naturaleza completamente opuesto en escala a las grandes montañas del Canal de Beagle; pero igualmente fascinante en su belleza y complejidad. A primera vista, la relación entre las plantas dentro del bosque es invisible. Pero el ecosistema que ha venido desarrollándose a lo largo de los últimos milenios es más listo que cualquier máquina creada por el hombre. Los participantes estuvieron facinados al aprender acerca del rol que juega un tipo de helecho dentro del bosque, que es llamado “barba de viejo” debido a su apariencia. El helecho se extiende alrededor de los árboles hasta colgar por sus ramas como si fuera el encaje en un vestido. Cuando el viento marino sopla desde el océano, la sal se queda atrapada en el helecho colgante y cuando la sal se acumula demasiado pues el helecho se vuelve pesado y cae al suelo del bosque. La sal y la desintegración de la planta generan nutrientes que los árboles absorben a través de sus raices, haciéndolos crecer más fuertes y altos, con más ramas para que aún más helechos puedan crecer en su superficie.
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Los troncos de árboles cortados hace cuarenta años aún sobresalen como lápidas en el Parque Magallanes.
Otro facinante ejemplo del ecosistema del bosque es una planta miniatura llamada batraña, que produce unos bulbos parecidos a pequeñas manzanas rojas. Cuando el bosque se vuelve demasiado húmedo, los bulbos realizan la función de esponjas, absorbiendo en parte el exceso de humedad del aire. Por otro lado, cuando el bosque se vuelve demasiado seco, los bulbos liberan esta humedad, regulando así la del bosque. Como el Sr. Pizarro nos enfatizó, la relación mutuamente beneficiosa de las plantas en los bosques patagónicos son buenos ejemplos de cómo los humanos y el medio ambiente pueden progresar juntos, cada uno tomando lo que necesita del otro sin infringir un daño irreparable. Sin embargo, la mayoría de los humanos aún no se han percatado de esta idea, y el bosque aún lleva las secuelas de la tala excesiva que tuvo lugar hace ya 40 años. En partes que deberían ser sombreadas y llenas de vida, troncos de árbol cortados sobresalen por encima de arbustos y algas. Desde que el bosque fue puesto bajo la protección del Gobierno, la vida vegetal ha ido poco a poco volviendo a la normalidad; pero dado que esta área del sur de Chile es tan fría le toma al bosque décadas recuperarse. La relación simbiótica del helecho “barba de viejo” y de la betraña se desarrolló a lo largo de los siglos y seguramente tomará tanto así para que partes del bosque que han sido deforestados vuelvan a su condición original.
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El pantanal de Puntas y la creciente ciudad de Puntarenas justo detrás.
La deforestación ocurrió hace mucho tiempo; pero mucha gente aún no ha aprendido las lecciones del daño resultante. Otra área de Patagonia está actualmente siendo amenazada en un momento en que la ciudad de Punta Arenas decide si será destruida o preservada. Los pantanales de Tres Puntas, como se le conoce, está justo al centro de un área de la ciudad que ha sido nominada para ser la sede del nuevo centro comercial. Altos edificios se pueden ver justo atrás del pantanal y cada mes las construcciones se acercan cada vez mas. Desde ya, Tres Puntas ha venido experimentando un daño irreversible producido por los químicos de las construcciones circundantes cuando son tirados en sus aguas. A pesar de que no es tan visualmente atractivo como las montañas o los bosques de Patagonia, el pantanal es un sitio de alta importancia biológica al ser el hogar de sesenta especies de aves, algunas de las cuales pueden ser encontradas sólo aquí. Muchas de estas aves no migran y permanecen en el pantanal todo el año. Si el lugar es destruido estas aves seguramente se perderán por siempre. Recientemente se construyó incluso una carretera que corta en dos el pantanal, un signo decepcionante para los activistas y académicos ambientalistas, mientras continúan tratando de convencer a los empresarios de la importancia del lugar. Sin embargo, el guía del Barco de la Paz, el Sr. Pizarro, ve al menos un beneficio proveniente de la carretera: “Antes de que la carretera fuera construida a través del pantanal la gente no sabía mucho del área; pero ahora la gente se está preocupando”, nos dijo. De hecho, y fiel a la filosofía de Omora de integrar la protección de la naturaleza y el desarrollo económico, el Sr. Pizarro considera que tanto el pantanal como el centro comercial pueden existir. “Es posible mantener el pantanal en medio de la ciudad, lo que sería muy único”, nos dice. En el siglo XXI, el desarrollo humano parece imparable. Pero con un poco de pensamiento creativo como el de Omora y algo de inspiración de las plantas simbióticas del bosque, es posible que el desarrollo para los humanos no signifique necesariamente la destrucción de la naturaleza.