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Port of Call |
LAST UPDATE March 17, 2009
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| 5 de febrero de 2009 |
Mombasa, Kenia – Los participantes juegan y aprenden con los niños de la calle en Mtwapa |
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| Una participante planta un árbol para conmemorar la visita de Peace Boat a la Escuela de Rehabilitación Likoni |
Después de pasar el trayecto desde Asia a África aprendiendo acerca de cultura africana, de la mano de ponentes invitados como Chiaki Hayakawa, Judy Mwangi y Sengenya Stars, los participantes finlamente tuvieron la oportunidad de experimentarla de primera mano cuando nuestro barco atracó en la humeda Mombasa. Después de ser recibidos por los amigables vendedores y transeuntes en el puerto, los participantes se dividieron en grupos para explorar Kenia, y uno de estos se lanzó en un tour de estudio para aprender acerca de las condiciones de vida de los niños de la calle en Mombasa.Viajando a diversos centros juveniles de esta provincia costera de Kenia, nuestros participantes buscaron entender mejor los problemas que afectan a la juventud de hoy del país. |
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| Chicos del Hogar Furaha hablan con una joven participante de Peace Boat |
La primera parada del grupo fue la Escuela de Rehabilitación Likoni, donde 80 jovencitos viven como resultado de problemas de conducta, resultantes de un cuidado familiar inapropiado. "Los muchachos no causan problemas", nos enfatizó Mwasiwa Juma Boga, el director. "Los problemas les son causados a ellos". Debido a un cuidado parental inconsistente causado por los efectos de la pobreza y los abusos de sustancias, los muchachos son encontrados culpables de delitos menores y son enviados a la Escuela de Rehabilitación por los jueces.
El grupo también visitó la Casa Furaha, establecida en 1997 cuando el Sr. James Musyoka empezó a traer niños tan pequeños como de tres anos que estaban viviendo en las calles de Mombasa, para darles los derechos básicos de "amor, alimento espiritual, familia y comida". Ahora hay 30 muchachos que viven en Furaha, muchos de los cuales han estado aquí desde la fundación de la Casa y que se consideran unos a otros como hermanos. Los muchachos crían gallinas y venden los huevos en el mercado local para recolectar dinero para alimentos y para sus matriculas escolares, y tienen dos vacas de las cuales obtienen leche. A pesar de que el Centro está en una lucha constante por sobrevivir financieramente, la diferencia que ha hecho en la vida de estos muchachos saltaba a la vista mientras intercambiaban direcciones de correo electrónico con los participantes del Barco de la Paz y jugaban futbol y a policías y ladrones. |
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| Desde un tejado, un niño de Agape explica a una participante más sobre los barrios bajos de Mtwapa |
A pesar de que los muchachos de Likoni y Furaha tienen vidas difíciles, sus historias podrían parecer casi milagros, cuando se les compara con muchos de los niños de las comunidades marginales de Mtwapa, un pueblo de Mombasa y en donde los participantes se quedaron en la noche para aprender acerca del trabajo del Centro Agape para Niños. Los participantes pasaron la segunda mañana de su estadía en Mombasa caminando por Mtwapa, donde la basura parece cubrir perennemente las calles y jovencitos empujan carretas de madera por los caminos polvorientos, vendiendo agua a algunos de los más pobres y sedientos habitantes del planeta. Ya que el pueblo se encuentra en la riviera costera de Kenia, mucha de su economía depende del turismo proveniente de países europeos como Italia y Francia. Desafortunadamente, los problemas también vienen con el dinero de los turistas: Muchas muchachas de Mtwapa se salen de las escuelas para convertirse en prostitutas y servir a los apetitos extranjeros, dando como resultado embarazos precoses o infecciones de VIH/SIDA. De hecho, el Sr. John Opindoh, el fundador del Centro Agape para Niños, estima que la mitad de los adultos de Mtwapa son portadores del virus del SIDA. Gracias al estigma de ser VIH-positivo, a estas personas les cuesta mucho encontrar trabajo, por lo cual no pueden cubrir los gastos de su propio cuidado médico, y mucho menos del de sus ninos. |
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| Una mujer Maasai recibe a participantes a su hogar |
Como resultado de las extremas condiciones de pobreza de Mtwapa, la educación no es una prioridad para la mayoría de los ninos, y muchos de ellos acaban viviendo en la calle porque a sus padres no les es posible cuidar de ellos física o financieramente. Sin embargo, el Sr. Opindoh y su esposa Isabella han hecho de la educación algo posible para los 200 niños que ellos apoyan financieramente en el pueblo. Proveyendo alimento y gastos de escolaridad, el Centro Agape ha visto a muchos de estos ninos salir de las calles y entrar en los salones de clase. Aquí también se llenan otras necesidades basicas de los ninos, como amor y un sentido de auto-estima. Ann, una muchacha de quince años que ha estado viviendo con John e Isabella desde que tenia tres años, nos contó la historia de como algunos de sus parientes lejanos trataron de obligarla a someterse al proceso de circuncisión femenina, un rito de madurez en algunas tribus de Kenia en la cual el clítoris de las jovencitas es cortado sin utilizar anestesia ni instrumentos debidamente esterilizados. "Gracias a los que John y Mamá Bella me enseñaron, supe que podía decir no", nos dice, "Me les escapé". |
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| Una participante dobla origami con un niño del Centro Agape |
El sentimiento de comunidad en el Centro Agape era palpable, mientras que algunos de los participantes ayudaban a las mujeres del Centro a preparar la cena para todos. Después de disfrutar de una grande y deliciosa cena tradicional de Kenia, los niños presentaron numeros de baile, canciones y dramatizaciones para los participantes y los adultos del Centro. Al día siguiente, los participantes se la pasaron jugando juegos de pelota y enseñandoles a los niños a hacer origami, el arte japonés del doblado del papel para hacer figuras decorativas. Cuando los participantes del Barco de la Paz se preparaban para regresar al puerto, era obvio que las escenas que habían presenciado a lo largo de los dos últimos días habían dejado una profunda huella en ellos. "La primera vez que ví la zona marginal tuve mucho miedo", nos contó un muchacho participante llamado Ichiro, "Un montón de gente sufre de pobreza aquí; pero son tan buenas personas. Eso me hizo preguntarme que tipo de vida estoy viviendo yo en Japón". Otra particiante, Reina de 27 años, nos mostró la misma emoción, "Todos sabíamos acerca de la situación de pobreza gracias a los libros; pero aun así, verla de primera mano fue muy impactante. Claro que disfruté la comida, pero estoy segura que los niños no comen así todos los días. Siento que tengo que hacer algo ya". A pesar de que hay aun tanto por hacer para mejorar las vidas de los niños empobrecidos, John Opindoh, el fundador del Centro Agape, les agradeció a nuestros participantes por haber dado el primer paso: "Es tan lindo saber que alguién te ama, y solamente con el hecho de haber venido y jugado con los niños, Ustedes les acaban de mostrar exactamente eso". |
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