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Port of Call |
LAST UPDATE September 26, 2009
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| 18 de enero de 2009 |
Keelung, Taiwán – Rescatando los hogares de los sobrevivientes de la lepra |
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| Un barco piloto en el puerto Keelung, la primera parada de la Mona Lisa en el viaje No. 64 |
El 18 de enero de 2009, el Barco de la Paz realizó su primera parada durante su viaje global No 64, bajo el cielo azul de Keelung, Taiwán. Los participantes se reunieron en la cubierta superior para poder ver tierra por vez primera en tres días, mientras el barco se acercaba al agitado puerto. Después de readecuarse a la estabilidad de la tierra firme, los participantes se alejaron para explorar Taiwán. Un grupo de participantes tomaron un bus con destino a Taipei y como parte de los tours opcionales que el Barco de la Paz ofrece en cada uno de los puertos de llegada, el grupo tuvo la oportunidad de visitar Lo Sheng, un reclusorio para personas que sufrieron de la enfermedad de Hansen. |
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Sr. Cho, un sobreviviente de la enfermedad de Hansen (también conocido como lepra), estaba contentísimo compartir relatos acerca de su vida en Lo Sheng, un sanatorio aislado |
Las personas que presentaron la enfermedad de Hansen, conocida también comunmente como lepra, fueron especialmente discriminados en Taiwán durante el siglo XX. A pesar de que la enfermedad ha existido en este país por miles de años, fue solamente durante el período de colonización japonesa que se le relacionó con las ideas de suciedad y necesidad de isolación que permanecen hasta nuestros días. El reclusorio fue construido lejos de la vibrante ciudad de Taipei, con la finalidad de evitar "contaminar" a los habitantes de la ciudad. Los prejuicios contra esta enfermedad llegaron a niveles tales en el Gobierno que los nombres de los enfermos fueron borrados de los registros familiares, por lo cual, de acuerdo a la Ley, los pacientes en realidad dejaron de existir como seres humanos sujetos de derecho. A pesar que la enfermedad no se transmite fácilmente (el 95% de los seres humanos es naturalmente inmune), el estigma en contra de la enfermedad de Hansen era tal que los residentes de Taipei incluso se rehusaban a dejar entrar los cadáveres, forzando a los habitantes de Lo Sheng a construir su propio crematorio. Amigos quemaban los cadáveres de amigos, esposos quemaban los cadáveres de sus esposas, y sus restos se conservaron en una cripta separada del resto de la ciudad. |
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| La acercando ciudad de Taipei es visible detrás de un participante que explora Lo Sheng con Sr. Cho |
Taipei, la capital de Taiwán, ha sido construida en un valle rodeado de montañas. Lo Sheng por su parte, fue construido en la base de una de estas montañas, en una posición elevada desde la cual se puede observar la ciudad. Hasta hace un par de décadas uno podía ver a través del valle hasta las montañas en el otro extremo. Hoy día, una capa de smog flota sobre la multitud de rascacielos y carreteras que parecen amontonarse en Taipei. Con la finalidad de descongestionar un poco la situación del tráfico, el Gobierno de la ciudad tiene planes de ampliar la red del metro para facilitar el acceso a la periferia de la ciudad y Lo Sheng está desafortunadamente en medio del camino. |
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Un participante de Peace Boat de 82 años y Sr. Chang, 73, compararon crecer en Japón frente a crecer en una colonia de Japón. Después, cantaron canciones en japonés de su niñez |
Los miembros de esta comunidad, que recibieron a los participantes del Barco de la Paz, estaban de muy buenos ánimos. En realidad, Lo Sheng se asemeja bastante a cualquier otra institución de adultos mayores retirados que se emocionan al recibir visitas, sentándose al rededor de mesas de picnic para conversar, en donde todo el mundo se conoce, y en donde cariñosamente se refieren a la mayor de todos, Lin Che de 91 años, como "Ama" que en Chino significa "Abuela". Solamente a primera vista es que los residentes de Lo Sheng se ven diferentes: Ama, por ejemplo, ha perdido sus dos manos y pies como resultado del daño a los nervios que provoca la enfermedad de Hansen. El Sr. Cho, un hombre de 81 años que disfruta estar afuera y quien rápidamente se auto-designó como guía del grupo, parpadéa y lagriméa constantemente como resultado de la deterioración del tejido lagrimal. |
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El recién construido hospital donde el gobierno taiwanés quiere realojar residentes. Estos argumentan que las habitaciones pequeñas no les proveerán espacio, libertad, ni mobilidad |
Después de escuchar las historias del Sr. Cho acerca de sus años de trabajo en las cocinas de Lo Sheng hace años cuando la institución albergaba más de 1,000 personas afectadas por la enfermedad, es evidente que Li Chen y el Sr. Cho no son para nada diferentes de cualquier otro par de abuelitos. Y porqué tendrían que serlo? Ninguno de los residentes de Lo Sheng sufre aún la enfermedad y a pesar de las rastros dejados en sus cuerpos, todos estan curados. Además, el saludable estilo de vida en Lo Sheng gira en torno a la socialización y a las actividades al aire libre y los residentes están en la mayoría del tiempo libres de hacer lo que les plazca. En el caso del Sr. Cho, eso significa dar vueltas alrededor de la comunidad en su motoneta visitando a los vecinos para ver un poco de televisión. El día en que se realizó nuestra visita, muchos de los residentes de la comunidad cuidaban de sus jardines o simplemente disfrutaban del sol. Sin embargo, si el Gobierno Taiwanés logra concretar sus planes, estos residentes tendrán que ser trasladados a un nuevo hospital. |
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Casas reducidas a escombros por el proyecto de construcción del gobierno. Cuando Peace Boat visitó Lo Sheng por primera vez apenas tres meses antes, residentes todavía vivían aquí |
El gris y rectangular edificio del hospital se levanta al lado de una colina cercana, en donde el Sr. Cho nos contó historias acerca de su antigua casa. "Yo tenía una casita, algunos conejos y pollos", nos comentaba, señalando el área justo a la derecha del hospital donde la construcción sigue en proceso. Los participantes miran silenciosos mientras que las grúas arrancan rocas del área en la cual el Sr. Cho solía vivir, convertida hoy en cantera. Las rocas de la cantera serán vendidas para financiar la ampliación de la red del metro que correrá a traves de Lo Sheng. Mientras que el sonido de las rocas chocando unas con otras y el ruido de los motores de las máquinas de construcción hace la conversación casi inaudible, el Sr. Cho toma un tono serio. "No podremos salir fuera del hospital porque la mayoría de nosotros no sabe manejar motonetas y no podemos conducir (debido a las laceraciones de la enfermedad)", nos dice, acerca del nuevo hospital. "No tendré ni jardines ni animales que cuidar. No podré ver a mis amigos. No tendremos libertad, nada de libertad". |
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Bajo un arco en el desmoronado hospital anterior, el Sr. Cho explica la historia del edificio y su significación a un joven participante de Peace Boat |
Desde ya, 160 residentes han sido trasladados al nuevo hospital, convencidos en parte por los recortes del uso de energía impuestos por el Gobierno en la comunidad de Lo Sheng, donde actualmente solo 60 personas permanecen aún, la mitad de las cuales se encuentran actualmente en habitaciones temporales. Muchos de ellos se han resignado ya al hecho de que inevitablemente perderán sus hogares. Sin embargo, uno de los compromisos que esperan obtener es la preservación del hospital original de Lo Sheng. Este edificio, que parece que se cae de viejo y descuidado, aún contiene el antiguo equipo médico que los doctores utilizaban para las autopsias y amputaciones. En uno de los pasillos, unas vigas en el techo son el unico testimonio restante de las docenas de pacientes que decidieron ahorcarse, incapaces de soportar el dolor físico de sus nervios desintegrándose y el dolor emocional de dejar a sus familias para siempre al ser recluidos. El oscuro y lúgubre lugar tiene una palpable atmósfera de angustia y su preservación es necesaria para asegurar que tales atrocidades no se cometan de nuevo. |
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El pasillo del hospital anterior, donde muchos pacientes se ahorcaron debido a maltratamiento, dolor físico, o la agonía de estar separados de sus seres amados |
Después de protestas y manifestaciones lideradas por 200 voluntarios, Lo Sheng ha logrado un acuerdo verbal con el Gobierno Taiwanés, que estipula que 70% de sus tierras serán preservadas. Sin embargo las dudas persisten, basadas en el hecho que el Gobierno se rehusa a firmar cualquier acuerdo escrito. "Después de todas las protestas, el Gobierno aún sigue con sus planes. Sería fantástico si ellos preservan el antiguo hospital; pero no creo que gasten nada para mantenerlo en buenas condiciones" dice el Sr. Cho, "No tengo muchas esperanzas". |
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Los japoneses y taiwaneses hablan lenguas distintas pero comparten la misma cultura de caracteres chinos. Aquí, participantes piden que los residentes escriban sus nombres en caracteres chinos para poder comprender sus nombres |
Otros aún rehusan a darse por vencidos. Wun-Hing Chang de 73 años y quién ha considerado Lo Sheng su hogar por 59 de ellos, trabaja como el Administrador Honorario de la Organización para salvar Lo Sheng. Después de agradecer a los participantes del Barco de la Paz por su visita, nos despidió con un mensaje de urgencia: "Por favor, hablen con todos los que puedan y traiganlos aquí. No me he dado por vencido. Este lugar es donde yo vivo, esta es nuestra vida. Este es nuestro hogar y su historia es algo que puede ser pasado a las generaciones por venir. No me rendiré". |
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